EL RINCÓN DE CARLOS |
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Carlos del Río es licenciado en periodismo por la Universidad del País Vasco y diplomado en montaje por la Ecam (Escuela de cine y del audiovisual de Madrid). Ha trabajado como montador en proyectos de cine y televisión. Su trabajo en el cortometraje Pernocta (Álvaro Giménez-Sarmiento, 2004) le valió un premio al Mejor Montaje en el festival Palafilms. Tras pasar los dos últimos años trabajando en el West End londinense, actualmente es el responsable de posproducción en Burbuja Films. | ||
| Últimas críticas: | |||
District 9 NUEVA! Still Walking NUEVA! The Visitor NUEVA! Despedidas NUEVA! Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel Los hombres que no amaban a las mujeres El curioso caso de Benjamin Button Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal |
El secreto de sus ojos NUEVA! Malditos bastardos NUEVA! Frozen River NUEVA! Mishima: Una vida en cuatro capítulos NUEVA! El desafío: Frost contra Nixon El asesinato de Jesse James... The Black Book (El libro negro) |
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MALDITOS BASTARDOS (2009) Dirigida por Intérpretes Duración País |
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En el mundo de los directores existen tres categorías: los que son completamente cerebrales, y pulen sus narraciones hasta que no quedan aristas (Hitchcock, Kubrick o Mendes pertenecen a este grupo); los completamente pasionales, que cuentan las historias como su instinto les dicta, y dejan de lado posibles huecos contando a su favor la fuerza de su estilo (Fellini, Almodóvar o Burton entran aquí); y los que están entre medias, que son la inmensa mayoría. Quentin Tarantino pertenece claramente a los pasionales. El problema de este tipo de cineastas es que tienen una forma muy personal de contar historias, y sólo saben hacer cine a su manera. Si su instinto acierta, hacen buenas películas, y si no, son malas. O en otras palabras: son incapaces de analizar objetivamente la narración y darse cuenta de los posibles fallos que pueda tener. Viendo “Malditos Bastardos” queda bien claro que Tarantino se ha enamorado de su propio estilo. Un reconocible sello suyo son los diálogos intrascendentes cuando está creciendo la tensión o justo antes de momentos de acción. Un buen ejemplo es la conversación en “Pulp Fiction” entre Samuel L. Jackson y John Travolta sobre cómo llaman al cuarto de libra con queso en Francia. Pues bien, a Tarantino se le ha ido tanto la mano con este tipo de diálogos en “Malditos Bastardos”, que parece que los personajes nos cuentan el menú entero del McDonald’s, en varios idiomas y varias veces, antes de seguir con la trama. Lo que narra la película es muy sencillo, pero está tan estirada que parece algo más sofisticado. Durante la Segunda Guerra Mundial, un grupo de soldados americanos, que se dedican a matar nazis a diestro y siniestro, planean atentar contra Hitler y otros altos mandatarios alemanes en un pequeño cine parisino. Por otra parte, una chica judía, que vio cómo los nazis mataban a toda su familia, tiene la oportunidad de vengarse, atentando contra el Führer en ese mismo cine, del que es dueña. El film dura 150 minutos, de los que se podrían quitar la mitad, y la historia se seguiría entendiendo y todo iría mucho más fluido. Todas, absolutamente todas las escenas, hasta que las tramas confluyen en el cine, duran más de la cuenta. Y todo gracias a la verborrea incontenible de los personajes. Además de ese lastre, la película tiene una estructura mala. Tarantino se empeña en gastar minutos y minutos en presentar personajes que no pintan nada, como el oficial nazi mata-nazis o el judío que batea cabezas. El peor caso es la presentación del británico: más de cinco minutos para un personaje prescindible. Y la de la estrella de cine alemana, es una pasada: más de un cuarto de hora para algo que se podía contar en tres minutos. Tantos minutos vacíos hace que la tensión que pudiera haber, se diluya. Y mejor no hablar de la utilización de la música: es tan poco sutil que parece que un adolescente haciendo prácticas de imagen y sonido en su instituto haya sido el encargado de colocar las pistas. Pero es la forma que tiene Tarantino de narrar, y no la va a cambiar (de hecho, se reafirmará, tras lo bien que ha funcionado esta película). Sin embargo, “Malditos Bastardos” tiene elementos muy buenos. Los cuarenta y cinco minutos finales funcionan bien, y la resolución me encanta. Durante todo el metraje, hay un montón de detalles geniales (la escayola con forma de zapato de tacón, la resolución de la escena que abre la película, Daniel Brühl tallando una esvástica en el campanario...). La violencia está bien tratada, es muy gráfica y desagradable. Y cuando la trama se mueve, es decir, cuando los personajes cierran el pico, la película está bien. Mención aparte merece el desconocido actor austriaco Christoph Waltz. Waltz interpreta a un nazi caza judíos y es muy gracioso cuando está distendido, e inquietante cuando se pone serio. Lo mejor es pasa de un estado a otro en un mismo plano, simplemente cambiando el semblante. Se llevó el premio de mejor actor en Cannes y no me extraña. “Malditos Bastardos” supone una mejora en la carrera de Tarantino tras la infumable “Death Proof”, pero está muy lejos de lo que logró con “Pulp Fiction” o “Kill Bill” ¿Volverá Quentin Tarantino a hacer una gran película? ¿Quién sabe? Todo depende de su instinto. |
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