EL RINCÓN DE CARLOS
 
     

 

  Carlos del Río es licenciado en periodismo por la Universidad del País Vasco y diplomado en montaje por la Ecam (Escuela de cine y del audiovisual de Madrid). Ha trabajado como montador en proyectos de cine y televisión. Su trabajo en el cortometraje Pernocta (Álvaro Giménez-Sarmiento, 2004) le valió un premio al Mejor Montaje en el festival Palafilms. Tras pasar los dos últimos años trabajando en el West End londinense, actualmente es el responsable de posproducción en Burbuja Films.
       
Últimas críticas:      
 

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Still Walking NUEVA!

The Visitor NUEVA!

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Enemigos públicos

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Los hombres que no amaban a las mujeres

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La Reina Victoria

La sombra del poder

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El curioso caso de Benjamin Button

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12

Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal

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Up

Asalto al Tren Pelham 1 2 3

Ice Age 3

La última casa a la izquierda

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X-Men Orígenes: Lobezno

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A ciegas

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Milk

La duda

Ultimátum a la Tierra

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Mongol

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El tren de las 3:10

Hellboy 2

Elizabeth: La Edad Dorada

La Niebla de Stephen King

La noche es nuestra

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Los crímenes de Oxford

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El asesinato de Jesse James...

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Siete mesas de billar francés

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Los Simpsons - La película

Venus

The Black Book (El libro negro)

Notes On A Scandal

A Prairie Home Companion

Flags Of Our Fathers
(Banderas de nuestros padres)

The Host

   

 

 

 

LA DUDA (2008)

Dirigida por
John Patrick Shanley

Escrita por
John Patrick Shanley

Intérpretes
Meryl Streep
Philip Seymour Hoffman
Amy Adams
Viola Davis
Alice Drummond
Audrie J. Neenan

Duración
104 minutos

País
EE. UU.

     

John Patrick Shanley es un dramaturgo norteamericano que no tiene una carrera cinematográfica muy brillante: solo ha dirigido otra película (“Joe contra el volcán” en 1990) y, a pesar de ganar un Oscar al mejor guión original por “Hechizo de luna” (1987), sus guiones posteriores no han producido clásicos. Parece que su carrera teatral va mejor: en 2005 ganó el premio Pulitzer y el Tony a la mejor obra de teatro por “La duda”, obra que ahora ha adaptado y dirigido para la gran pantalla.

En ella cuenta el enfrentamiento entre la directora de un colegio de monjas y su cura en 1964. La directora cree ver indicios de pederastia en el párroco, aunque no tenga pruebas, tan sólo una corazonada. De ahí, la duda.

Shanley está muy interesado en contar la vida en ese colegio y en la caracterización de los personajes. Lo primero hace que durante mucho tiempo la película vague sin rumbo, aunque nunca se haga aburrida. El conflicto tarda mucho en aparecer, e incluso cuando ya se sabe la sospecha, el film vuelve a divagar de vez en cuando. Frente a escenas de gran dramatismo hay escenas anodinas, lo que hace que el conjunto se resienta. El principal problema, sin embargo, es el final: durante hora y media se ha ido preparando el enfrentamiento entre Streep y Hoffman y el desenlace no se muestra, sino que se cuenta. El espectador se siente un poco defraudado.

En cuanto a la caracterización de personajes, es excelente. La preocupación de Meryl Streep por la monja que se está quedando ciega o su búsqueda de justicia nos hacen ver que el ogro es más complejo de lo que parecía en un principio. O Seymour Hoffman, el cura goloso y simpático que se lleva muy bien con los niños (aunque nunca se apunta a la pederastia, lo cual es un acierto) que quiere modernizar el colegio y se niega a entrar en el juego de la directora. Son personajes tridimensionales, de carne y hueso (también lo son Amy Adams y Viola Davis). Y está muy bien la contraposición de personalidades (la comida que parece un funeral de las monjas frente a la sobremesa acogedora de los curas).

Shanley como director sabe sacar provecho de los espacios cerrados: hace que sus personajes interactúen con objetos para que se muevan y pueda cambiar de tiro de cámara. A veces los objetos tienen, además, una función simbólica (las ventanas abiertas) y caracterizadora, añadiendo profundidad a los personajes. Así consigue que la película sea dinámica y no delate su origen teatral. Por el contrario, en cuanto a la planificación, Shanley a veces recurre a los planos angulados de forma muy obvia.

Pero si hay algo que eleva la calidad de este film por encima de la media y hace que nunca sea aburrido es su impresionante reparto. Es una gozada ver a estos actorazos actuar: saltan crispas de la pantalla cada vez que se enfrentan. No es de extrañar que los cuatro protagonistas estén nominados al Oscar. La desconocida Viola Davis te pone la piel de gallina en apenas dos secuencias; Amy Adams borda su papel de monja inocente que suelta la liebre a su pesar; Philip Seymour Hoffman está genial, como siempre, como cura herido en su amor propio.

Meryl Streep es tan buena y lleva tantos años de carrera incombustible que a veces no la valoramos lo suficiente. Ningún otro actor ha sido tantas veces nominado al Oscar (15, tres y cinco más que las míticas Katharine Hepburn y Bette Davis; y tres más que Jack Nicholson, que tiene el record en el apartado masculino), ningún otro ha sido tantas veces nominado a los Globos de Oro (¡23! Ganando seis, otro record). Es de las poquísimas actrices de Hollywood que ha mantenido su estatus de estrella a partir de los cuarenta años (incluso se permitió un pequeño descanso hace un decenio y su carrera no se ha resentido) y ahora con casi sesenta sigue reventando taquillas con “El diablo se viste de Prada” o “Mamma Mia!”.

En “La duda” vuelve a demostrar de qué esta hecha. Hay un montón de actores mediocres, unos cuantos buenos, un grupito de excelentes (Daniel Day-Lewis, Denzel Washington, Cate Blanchett, Kate Winslet, Julianne Moore cuando se toma en serio… y pocos más) y luego esta Meryl Streep. Grande entre los grandes. La echaremos de menos cuando deje de trabajar.

 
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